¡¡¡¡Mi hijo no me hace caso!!!! ¿Qué puedo hacer?
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¡¡¡¡Mi hijo no me hace caso!!!! ¿Qué puedo hacer?

¡¡¡¡Mi hijo no me hace caso!!!! ¿Qué puedo hacer?

Susana tiene 6 años, es una niña muy guapa y dulce con sus padres.  Su madre, Paloma, reconoce que su hija en ocasiones no le hace caso. 

Hace unos días estábamos merendando en el jardín de la urbanización donde vivimos, los niños estaban por un lado y los mayores por otro. Llega Susana, interrumpiendo nuestra conversación y le dice a su madre con tono desafiante:

– Mamá, dame las llaves de casa que voy a ir a cambiarme, este vestido no me gusta – . Le responde su madre: – Hija, a ese vestido no le pasa nada, está limpio y estás realmente bonita con él. Sigue jugando con tus amigos, que no te voy a dar las llaves, te vas a quedar con ese vestido-.

Tras una discusión de varios minutos entre madre e hija, responde la niña: -Pues como no me des las llaves, cojo la maquinita (que es una PSP de un valor superior a 100 €) y la tiro a la basura.

Esta escena la he vivido en algunas ocasiones con estos vecinos. Paloma se siente mal, porque su hija la está amenazando con comportamientos como el descrito anteriormente y no sabe cómo parar esta situación.

TRES PASOS PARA CONSEGUIR

QUE NOS HAGAN CASO NUESTROS HIJOS

1. Normas

Desde pequeños, los niños entienden las normas y las van aceptando tal y como se las mostramos nosotros, sus padres. Es cierto que no todos los niños las aceptan por igual, a unos les cuesta más que a otros, pero es cuestión de constancia en las indicaciones que les damos. La norma de Paloma: «te vas a quedar con ese vestido» es la que ha sido impuesta por su madre, y es en la que nos vamos a apoyar para que su hija la respete.

2. Firmeza

Lo reconozco, a veces cuando nos echan unas lagrimitas se nos parte el corazón, somos sus padres, no queremos verlos tristes. Es en estos momentos cuando nuestra firmeza puede flaquear, nos ablandamos y cambiamos la primera norma que le comunicamos al niño.

3. Negocación

Aunque algunos profesionales del área infantil no están de acuerdo con que negociemos, yo sí que lo estoy. Considero que debemos adaptarnos a su lenguaje y a su mundo, pero sí, podemos negociar.

Para el caso que nos ocupa, Paloma sí que puede negociar cuál es el vestido que querría ponerse su hija, si además quiere acompañarlo con algunas horquillas, o con aquel lazo tan bonito que le regaló su abuelo. Cuando la hija ha visualizado esa nueva vestimenta es cuando comienza la negocación: bien para ponerse ese vestido otro día, o bien reservarlo para un día especial como el domingo que van a casa de los abuelos. En este momento entra en juego el conocimiento que tengas de tu hijo, de lo que le gusta y de lo que no, pero siendo firmes y constantes, manteniendo en todo momento la primera norma que se le impuso: «te vas a quedar con ese vestido».



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